miércoles, 25 de febrero de 2009

Los buitres españoles y la traición del progreso.
















La situación actual de las aves necrófagas en la Península Ibérica (paraíso para estos animales desde la antigüedad), es dantesca. La variedad de carroñeras que habitan la Península es la mayor de Europa, contando con la mayor población europea de buitre leonado (Gyps fulvus), los últimos ejemplares de buitre negro del continente (Aegypius monachus), una población decreciente de alimoches (Neophron percnopterus) y unos pocos individuos del singular quebrantahuesos (Gypaetus barbatus).

En el año 2001, a raíz de la problemática que surgió en Europa con la encefalopatía espongiforme bovina (mal de las "vacas locas"), se promulgó una normativa, que afectaba a la totalidad de países integrantes de la Unión Europea, en la que se prohibía dejar abandonados cadáveres de reses en el campo, obligando a los ganaderos a incinerar las cabezas de ganado que fallecieran en sus granjas. Desde siempre, el buitre y el ganadero han formado un tándem perfecto en el que el primero obtenía alimento y ayudaba a su manera al segundo. Esta relación data desde que el hombre comenzó a criar animales en cautividad; sin embargo, como consecuencia de la dichosa normativa europea, esta idílica relación se está deteriorando.




El buitre, privado de una de sus principales fuentes de alimento, tiene hambre, y tiene hambre por nuestra culpa, por la ruptura del pacto que nuestros antepasados establecieron con él. Las aves acuden a los muladares, aquellos lugares donde las gentes depositaban los cadáveres de sus bestias de labor y cabezas de ganado, pero ahora están vacíos. Llegados a este punto, hay que añadir que no sólamente las aves estrictamente carroñeras consumen los restos de animales del campo, otras muchas rapaces, como el águila real o el milano real y negro, recurren a este recurso en épocas de escasez de presas, así como ciertos mamíferos que también explotan las carroñas para alimentarse, como el lobo o el oso. Tras este inciso, y volviendo al protagonista del tema, es necesario aclarar que la reproducción del buitre leonado, no es fácil. Ponen un sólo huevo, que ha de ser incubado por los dos progenitores indistintamente; con suerte, nace el pollo, completamente desvalido y que necesita una ceba de más de medio año para poder ser autosuficiente. El buitre sale al campo cada mañana, pero no halla ningún cadáver, de modo que acude al muladar, pero tampoco encuentra alimento allí. Cansado, regresa al cortado donde se ubica el nido tras una jornada de infructuosa búsqueda. El polluelo no comerá hoy, quizá mañana tampoco. Estos ciclos se repiten durante todo el año, exhaustos, los buitres buscan alimento incansablemente para alimentar a su cría y a sí mismos. Pueden estar así mucho tiempo, si en su camino no se cruza uno de los múltiples peligros que lo acechan. Los parques eólicos, lejos de ser una fuente de energía ecológica, es un riesgo potencial para muchísimas aves que pueden resultar heridas al colisionar con las aspas de estos molinos que giran a gran velocidad. Otro gran peligro para el buitre radica en el uso de venenos como la estricnina, que se emplea para matar "alimañas" como zorros o lobos, pero que afectan a toda la cadena trófica, en cuya cumbre se sitúa el alado carroñero. Toda esta presión existente sobre las aves, provoca variaciones en su conducta a la hora de encontrar alimento, de ahí que se estén volviendo relativamente frecuentes los ataques del buitre al ganado vivo recental o enfermo. La ira del ganadero, que ve como su viejo amigo tiene que romper el antiguo pacto establecido entre ambos, está enfocada hacia la administración y no hacia el buitre, que sigue siendo el mismo que antiguamente le ayudaba a eliminar los restos de sus reses muertas.










Y es que no sé quién o quienes habrán sido los "sabios" que han redactado esa absurda normativa que rompe con la tradición, con la convivencia entre la fauna y las gentes del campo, ambas abocadas a la desaparición. Parece ser que el mundo rural no tiene sitio en la "prestigiosa" UE pero, al menos yo, prefiero vivir en una sociedad, en un país que conviva con la biodiversidad presente en él, que en un país pretendidamente progresista que haya olvidado de dónde viene y, por tanto, a quién se debe.












Imágenes de la triste realidad de nuestros buitres:





















































































































lunes, 2 de febrero de 2009

Bicentenario de Poe

Pues, aprovechando que el día 19 de enero de este año se cumplieron nada menos que doscientos años del nacimiento del gran escritor estadounidense Edgar Allan Poe, creo que no está de más recordar a este genio que sufrió en sus carnes la incomprensión de la sociedad de la época, así como la más absoluta miseria en la que falleció en octubre del año 49. Poca gente verá esta minúscula reseña que pretende rendir un modesto homenaje a este hombre que sobrevivió a sus propias circunstancias y a las de su entorno, dejándonos los que son, probablemente, unos de los mejores escritos de narrativa y poesía. Como ejemplo de su amplia obra, dejo el que, seguramente, sea su texto más conocido y, al menos para mí, uno de sus mejores escritos:

EL CUERVO


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es -dije musitando- un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante,
Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos.
Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar.
Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos:
"Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía." Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando,
soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo:
"¡Leonora!" Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente -me dije-, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas,
entró un majestuoso cuervo de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías
en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-. no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era.
Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes
bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas
en el dintel de su puerta con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando: "Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras,
"sin duda -pensé-, sin duda lo que dice es todo lo que sabe,
su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió,
acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica
de "Nunca, nunca más."

Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: "Nunca más,"

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría,
¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso,
perfumado por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. "¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador,
o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos
a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado,
aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra.
Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse.
¡Nunca más!